miércoles, 26 de diciembre de 2012

EL SECRETO DEL ESCULTOR. Historia francesa



Un escultor ordena que se le lleve un gran bloque de piedra y se pone a trabajar en él.
Unos meses más tarde, acaba de esculpir un caballo.
Entonces un niño, que le había observado trabajar, le preguntó:

-¿Cómo sabías que había un caballo dentro de la piedra?
 

Recordando la presencia del asombro en la magia de las cosas aparentemente simples.

El agua del paraiso (Cuento árabe)




Un beduino seco y miserable, que se llamaba Harith, vivía desde siempre en el desierto. Se desplazaba de un sitio a otro con su mujer Nafisa. Hierba seca para su camello, comía insectos, de vez en cuando un puñado de dátiles, un poco de leche. Llevaba realmente una vida dura y amenazada. Harith cazaba las ratas del desierto para apoderarse de su piel y hacía cuerdas con las fibras de las palmeras, que intentaba vender en las caravanas. 
Sólo bebía el agua salobre que encontraba en los pozos enfangados. 
Un día apareció un nuevo río en la arena. Harith probó aquella agua desconocida, que era amarga y salada, e incluso un poco turbia. Pero le pareció que el agua del verdadero paraíso acababa de deslizarse por su garganta. 
Llenó dos botas de piel de cabra, una para él y otra el califa Harun Al-Rashid, y se puso en camino hacia Bagdad. A su llegada, tras un penoso viaje, le contó su historia a los guardias, según la práctica establecida, y fue admitido ante el califa. Harith se postró ante el Príncipe de los Creyentes y le dijo:
-No soy más que un pobre beduino, ligado al desierto donde el destino me ha hecho nacer. No conozco nada más que el desierto, pero lo conozco bien. Conozco todas las aguas que allí se pueden encontrar. Por eso he decidido traértela para que la pruebes. 
Harun Al-Rashid se hizo traer un vaso y probó el agua del río amargo. Toda la corte lo observaba. Bebió un buen trago y su rostro no expresó ningún sentimiento. Se quedó pensativo un instante y entonces con fuerza repentina pidió que el hombre fuera llevado y encerrado, con la orden estricta de que no viese a nadie. El beduino, sorprendido y decepcionado, fue encerrado en una celda.
-Lo que nada es para nosotros lo es todo para él. Lo que para él es el agua del Paraíso no es más que una desagradable bebida para nosotros. Pero tenemos que pensar en la felicidad de ese hombre -dijo el califa a las personas de su entorno, curiosos por su decisión.
Al caer la noche hizo llamar al beduino. Dio la orden a sus guardias de que lo acompañasen de inmediato fuera de la ciudad, hasta la entrada del desierto, sin permitirle ver ni el río Tigris ni ninguna de las fuentes de la ciudad, sin darle otra agua que la suya para beber. Cuando el beduino se iba del palacio en la oscuridad de la noche, vio por última vez al califa. Éste le dio mil monedas de oro y le dijo:
-Te doy las gracias. Te nombro guardián del agua del Paraíso. La administrarás en mi nombre. Vigílala y protégela. Que todos los viajeros sepan que te he nombrado para tal puesto. 

El beduino, feliz, besó la mano del gran califa y regresó rápidamente a su desierto.

Que la paz sea con ustedes.

martes, 25 de diciembre de 2012

Civismo


Civismo

Las pautas mínimas de comportamiento que nos permiten convivir en paz y libertad. Respetando los otros, los objetos públicos y el entorno natural.
Civismo y civilización tienen la misma etimología: del latín cives, ciudadano y ciudad. Saber ser ciudadano es compartir una humanidad civilizada.

Una buena definición entre tantas, que nos puede ayudar a comprender lo que es el valor del civismo y hacer de él una práctica en nuestra vida diaria. http://www.xtec.cat/~lvallmaj/estadi/valors2.htm



Ética para amador


Fragmento de Ética para amador
Capitulo 7 .- Ponte en su lugar

La ética no se ocupa de cómo alimentarse mejor o de cuál es la manera más recomendable de protegerse del frío ni de qué hay que hacer para vadear un río sin ahogarse, cuestiones todas ellas sin duda muy importantes para sobrevivir en determinadas circunstancias; lo que a la ética le interesa, lo que constituye su especialidad, es cómo vivir bien la vida humana, la vida que transcurre entre humanos. Si uno no sabe cómo arreglárselas para sobrevivir en los peligros naturales, pierde la vida, lo cual sin duda es un fastidio grande; pero si uno no tiene ni idea de ética, lo que pierde o malgasta es lo humano de su vida y eso no tiene ninguna gracia, francamente, tampoco por muy semejantes que sean los hombres no está claro de antemano cuál sea la mejor manera de comportarse respecto a ellos. Precisamente porque los otros hombres se me parecen mucho pueden resultarme más peligrosos que cualquier animal feroz o que un terremoto. No hay peor enemigo que un enemigo inteligente, capaz de hacer planes minuciosos, de tender trampas o de engañarme de mil maneras. Quizá entonces lo mejor sea tomarles la delantera y ser uno el primero en tratarles, por medio de violencia o emboscadas, como si ya fuesen efectivamente esos enemigos que pudieran llegar a ser... Sin embargo, esta actitud no es tan prudente como parece a primera vista: al comportarme ante mis semejantes como enemigo, aumento sin duda las posibilidades de que ellos se conviertan sin remedio en enemigos míos también; y además pierdo la ocasión de ganarme su amistad o de conservarla si en principio estuviesen dispuestos a ofrecérmela.

El vínculo de respeto y amistad con los otros humanos es lo más precioso del mundo para mí, que también lo soy, cuando me las vea con ellos debo tener principal interés en resguardarlo y hasta mimarlo, si me apuras un poco. Pero tenía bastante claras dos cosas que me parecen muy importantes: Primera: que quien roba, miente, traiciona, viola, mata o abusa de cualquier modo de uno no por ello deja de ser humano. Aquí el lenguaje es engañoso, porque al acuñar el título de infamia («ése es un ladrón», «aquélla una mentirosa», «tal otro un criminal») nos hace olvidar un poco que se trata siempre de seres humanos que, sin dejar de serlo, se comportan de manera poco recomendable. Y quien «ha llegado» a ser algo detestable como sigue siendo humano aún puede volver a transformarse de nuevo en lo más conveniente para nosotros, lo más imprescindible... Segunda: Una de las características principales de todos los humanos es nuestra capacidad de imitación. La mayor parte de nuestro comportamiento y de nuestros gustos la copiamos de los demás. Por eso somos tan educables y vamos aprendiendo sin cesar los logros que conquistaron otras personas en tiempos pasados o latitudes remotas. En todo lo que llamamos « civilización», «cultura», etc., hay un poco de invención y muchísimo de imitación. Si no fuésemos tan copiones, constantemente cada hombre debería empezarlo todo desde cero.

Ahora bien: si cuanto más feliz y alegre se siente alguien menos ganas tendrá de ser malo. El que colabora en la desdicha ajena o no hace nada para ponerle remedio... se la está buscando. tratar a los semejantes como enemigos (o como víctimas) puede parecer ventajoso. El mundo está lleno de «pillines» o de descarados canallas que se consideran sumamente astutos cuando sacan provecho de la buena intención de los demás y hasta de sus desventuras. La mayor ventaja que podemos obtener de nuestros semejantes no es la posesión de más cosas (o el dominio sobre más personas tratadas como cosas, como instrumentos) sino la complicidad y afecto de más seres libres. Es decir, la ampliación y refuerzo de mi humanidad. ¿en qué consiste tratar a las personas como a personas, es decir, humanamente? Respuesta: consiste en que intentes ponerte en su lugar. Reconocer a alguien como semejante implica sobre todo la posibilidad de comprenderle desde dentro, de adoptar por un momento su propio punto de vista. A fin de cuentas, siempre que hablamos con alguien lo que hacemos es establecer un terreno en el que quien ahora es «yo» sabe que se convertirá en «tú» y viceversa. Ponerse en el lugar de otro es algo más que el comienzo de toda comunicación simbólica con él: se trata de tomar en cuenta sus derechos. Y cuando los derechos faltan, hay que comprender sus razones. A que alguien intente ponerse en su lugar y comprender lo que hace y lo que siente. Aunque sea para condenarle en nombre de leyes que toda sociedad debe admitir. En una palabra, ponerte en el lugar de otro es tomarle en serio, considerarle tan plenamente real como a ti mismo. Tomarte al otro en serio, es decir, ser capaz de ponerte en su lugar para aceptar prácticamente que es tan real como tú mismo, no significa que siempre debas darle la razón en lo que reclama o en lo que hace. Ni tampoco que, como le tienes por tan real como tú mismo y semejante a ti debas comportarte como si fueseis idénticos.

La vida es demasiado compleja y sutil, las personas somos demasiado distintas, las situaciones son demasiado variadas, a menudo demasiado íntimas, como para que todo quepa en los libros de jurisprudencia. Lo mismo que nadie puede ser libre en tu lugar, también es cierto que nadie puede ser justo por ti si tú no te das cuenta de que debes serlo para vivir bien.

Tomado prestado de El rincón del vago
http://html.rincondelvago.com/etica-para-amador_fernando-savater_73.html

Democracia



Repasemos el libro de historia que repasemos, siempre encontraremos lo mismo, que la democracia es una excepción, no la norma, en los milenios de vida humana. De entrada, durante siglos y siglos los humanos han vivido sin formar una sociedad políticamente organizada y cuando se ha empezado a vivir formando un estado, el kratos, es decir, el gobierno no lo ha ejercido el demos, es decir, el pueblo, sino unos pocos: una familia, un líder, un grupo,... pero no el pueblo.
Hoy, sin una organización política de la sociedad, es decir, sin un estado, seguramente la convivencia sería insostenible y la violencia dominaría las relaciones humanas. Precisamente pensadores modernos que sufrieron violencia en sus sociedades son quienes teorizaron afirmando que el estado es consecuencia de un pacto o contrato entre los individuos de una sociedad con el objetivo de hacer la vida más sostenible o mejor, y la forma de estado que sale de este pacto se acerca a la democracia, sea representativa o sea directa. Tanto en un caso como en el otro, el voto o sufragio es un elemento clave; en las representativas elegimos unas personas que nos representan; en las directas, la participación es más frecuente y más intensa. Las democracias más habituales son las representativas y, en éstas, los partidos políticos tienen una función destacada.
Pero estos pensadores modernos que empezaron a teorizar sobre el estado democrático también advirtieron de los riesgos del poder, considerando que todo hombre que posee poder siente la inclinación de abusar. Para evitar abusos de quienes lo ejercen se sugirió un eficiente mecanismo: la idea de la separación de poderes. Así, una parte del estado se limita a dictar leyes: el poder legislativo; otra parte será la responsable de aplicar o ejecutar las leyes: el poder ejecutivo; y una tercera parte evaluará si el poder ejecutivo ha hecho lo que tenía que hacer: el poder judicial.

Enlace:
http://www.xtec.cat/~lvallmaj/edupolis/7demos2.htm
Extracto del tema.

domingo, 23 de diciembre de 2012

¿Cómo evaluar en filosofía?

Aquí tenemos algunas recomendaciones mediante las cuales se puede evaluar en la materia de filosofía y en otras. 

EVALUACIÓN 

1. Asistencia a clase.

2. Realizar las actividades propuestas en clase. (Evaluación procedimental)

3. Realización de una evaluación final con el fin de evaluar los conceptos.

4. Utilizar la técnica de debate para poder evaluar actitudes (capacidad crítica y de enjuiciamiento).

5. Realización de un ensayo o comentario de texto en el que se pueda evaluar el nivel de profundidad en la asimilación de los conceptos aprendidos.